Fenómenos Biológicos y Fenómenos de Conocimiento desde la perspectiva sistémica de Piaget.
7. La inteligencia y su relación con el instinto.
Desde la tesis piagetiana se asume que instinto e inteligencia no son entidades incompatibles, ya que la segunda deviene del primero aunque sin la rígida programación hereditaria. El instinto, si bien basado en esquemas genéticos, no excluye el funcionamiento organizado, subsidiario de las formas más generales de la organización vital.
El instinto, por tanto, incluye también acomodaciones fenotípicas, a la vez que asimilaciones en parte aprendidas, lo que de algún modo perfila “conductas inteligentes”. Así, progresivamente, el instinto va perdiendo su regulación programada en pos de una regulación constructiva, proceso que deriva en dos alternativas complementarias, la de la interiorización y la de la exteriorización, la primera orientada a las fuentes, y la segunda, dirigida hacia los ajustes aprendidos, y aún, experimentales.
Esta nueva dirección del instinto troca las regulaciones programadas en móviles, lo que significa corregir las acciones en función de sus resultados, a la vez que anticipar sucesos. Ambos procesos admiten precorrecciones, y desde allí, el camino hacia la reversibilidad operatoria está trazado.
El instinto, transformados ahora en inteligencia, se afana en construcciones nuevas, ya sea por abstracción reflexionante, ya sea por asimilación experimental.
La inteligencia por tanto, tiene su origen en las coordinaciones generales de la organización vital, y deviene por un proceso histórico constructivo.
La “descomposición del instinto”, tal lo denomina Piaget, da inicio a una nueva evolución cognoscitiva exclusivamente fenotípica, a la que el autor llama “reconstrucciones convergentes con superación”, procesos fundamentados en las teorías sistémicas y cibernéticas nociones éstas aplicables a todos los ámbitos de la organización biológica.